Author : José Manuel Carrión

Comunión de los santos

SUFRAGIO POR LOS DIFUNTOS. Estamos en noviembre, mes que la Iglesia dedica a hacer sufragios por los difuntos. Esta es una manifestación de lo que se conoce como la comunión de los santos. Pero, ¿qué es esto? Como dice el Catecismo, la comunión de los santos es precisamente la Iglesia. Esta comunión tiene dos significados estrechamente relacionados: por un lado, la comunión en las cosas santas, la participación en los mismos bienes espirituales, y, por otro, la comunión entre las personas santas. Catecismo de la Iglesia Católica, 948. La Iglesia está formada por los discípulos del Señor. Unos peregrinan en la tierra, otros, ya difuntos, se purifican en el purgatorio, mientras otros ya contemplan a Dios porque gozan del cielo. Pero, ¿cómo se da esta unión entre los distintos miembros de la Iglesia? De una parte, siempre podemos rezar a Dios por las personas que nos acompañan en nuestro camino hacia el cielo. Esa oración de intercesión expresa también la caridad, el amor fraterno entre los cristianos. Las personas que están en el cielo no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Su solicitud fraterna ayuda mucho a nuestra debilidad. Además, su ejemplo, nos ayuda a poner la mirada en la meta, la vida eterna en comunión con Cristo. Por otro lado, la Iglesia peregrina recuerda a los difuntos y ofrece sufragios por ellos, para que se vean librados de sus pecados y puedan ir cuanto antes a la felicidad del cielo. Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor. En la Santa Misa estamos en comunión con nuestros hermanos “dispersos por el mundo” (Misal Romano, Plegaria Eucarística III) y también con los glorificados en el cielo y los que se purifican para ver en ellos el rostro de Dios. Catecismo de la Iglesia Católica, 954-959, 1354, 1370-1371 “Durante la Eucaristía confiamos a los difuntos a la misericordia de Dios con un recuerdo sencillo pero lleno de significado. Rezamos para que estén con él en el paraíso, con la esperanza de que un día también nosotros nos encontremos con ellos en este misterio de amor que, si bien no comprendemos plenamente, sabemos que es verdad porque Jesús nos lo ha prometido. Este recuerdo de rogar por los difuntos está unido también al de rogar por los vivos, que junto con nosotros cada día enfrentan las dificultades de la vida. Todos, vivos y difuntos, estamos en comunión; en esa comunidad de quienes han recibido el bautismo, se han nutrido del Cuerpo de Cristo y hacen parte de la gran familia de Dios”. Papa Francisco, Audiencia 30-11-2016

Es la confianza

«C’est la confiance» es la nueva Exhortación Apostólica  del Papa Francisco, dedicada a la confianza en el amor misericordioso de Dios, con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz-del Carmelo de Lisieux- reconociendo el tesoro espiritual de su “caminito espiritual”: «Es la confianza la que nos permite poner en las manos de Dios lo que sólo Él puede hacer». Aquí se puede descargar.

Solemnidad del Corpus Christi

RESUMEN DE HOMILÍA DE BENEDICTO XVI La Solemnidad del Corpus Christi es inseparable del Jueves Santo, de la misa in Caena Domini, en la que se celebra solemnemente la institución de la Eucaristía. Mientras que en la noche del Jueves Santo se revive el misterio de Cristo que se entrega a nosotros en el pan partido y en el vino derramado, hoy, en la celebración del Corpus Christi, este mismo misterio se presenta para la adoración y la meditación del pueblo de Dios. El Santísimo Sacramento se lleva en procesión por las calles de la ciudad y de los pueblos, para manifestar que Cristo resucitado camina en medio de nosotros y nos guía hacia el reino de los cielos. Lo que Jesús nos dio en la intimidad del Cenáculo, hoy lo manifestamos abiertamente, porque el amor de Cristo no es sólo para algunos, sino que está destinado a todos. El hecho de que el Sacramento del altar haya asumido el nombre de «Eucaristía» —«acción de gracias»— expresa precisamente esto: que la conversión de la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo es fruto de la entrega que Cristo hizo de sí mismo, donación de un Amor más fuerte que la muerte, Amor divino que lo hizo resucitar de entre los muertos. Esta es la razón por la que la Eucaristía es alimento de vida eterna, Pan de vida. Del corazón de Cristo, de su «oración eucarística» en la víspera de la pasión, brota el dinamismo que transforma la realidad en sus dimensiones cósmica, humana e histórica. Todo viene de Dios, de la omnipotencia de su Amor uno y trino, encarnada en Jesús. En este Amor está inmerso el corazón de Cristo; por esta razón él sabe dar gracias y alabar a Dios incluso ante la traición y la violencia, y de esta forma cambia las cosas, las personas y el mundo. Esta transformación es posible gracias a una comunión más fuerte que la división: la comunión de Dios mismo. La palabra «comunión», que usamos también para designar la Eucaristía, resume en sí misma la dimensión vertical y la dimensión horizontal del don de Cristo. Es bella y muy elocuente la expresión «recibir la comunión» referida al acto de comer el Pan eucarístico: «El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan» (1 Co 10, 16-17). Volvamos ahora al gesto de Jesús en la Última Cena. ¿Qué sucedió en ese momento? Cuando él dijo: Este es mi cuerpo entregado por vosotros; esta es mi sangre derramada por vosotros y por muchos, ¿qué fue lo que sucedió? Con ese gesto, Jesús anticipa el acontecimiento del Calvario. Él acepta toda la Pasión por amor, con su sufrimiento y su violencia, hasta la muerte en cruz. Aceptando la muerte de esta forma la transforma en un acto de donación. Esta es la transformación que necesita el mundo, porque lo redime desde dentro, lo abre a las dimensiones del reino de los cielos. Pero Dios quiere realizar esta renovación del mundo a través del mismo camino que siguió Cristo, más aún, el camino que es él mismo. No hay nada de mágico en el cristianismo. No hay atajos, sino que todo pasa a través de la lógica humilde y paciente del grano de trigo que muere para dar vida, la lógica de la fe que mueve montañas con la fuerza apacible de Dios. Por esto Dios quiere seguir renovando a la humanidad, la historia y el cosmos a través de esta cadena de transformaciones, de la cual la Eucaristía es el sacramento. Mediante el pan y el vino consagrados, en los que está realmente presente su Cuerpo y su Sangre, Cristo nos transforma, asimilándonos a él: nos implica en su obra de redención, haciéndonos capaces, por la gracia del Espíritu Santo, de vivir según su misma lógica de entrega, como granos de trigo unidos a él y en él. Así se siembran y van madurando en los surcos de la historia la unidad y la paz, que son el fin al que tendemos, según el designio de Dios. Caminamos por los senderos del mundo sin espejismos, sin utopías ideológicas, llevando dentro de nosotros el Cuerpo del Señor, como la Virgen María en el misterio de la Visitación. Con la humildad de sabernos simples granos de trigo, tenemos la firma certeza de que el amor de Dios, encarnado en Cristo, es más fuerte que el mal, que la violencia y que la muerte. Sabemos que Dios prepara para todos los hombres cielos nuevos y una tierra nueva, donde reinan la paz y la justicia; y en la fe entrevemos el mundo nuevo, que es nuestra patria verdadera. También esta tarde, mientras se pone el sol sobre nuestra querida ciudad de Roma, nosotros nos ponemos en camino: con nosotros está Jesús Eucaristía, el Resucitado, que dijo: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos» (Mt 28, 21). ¡Gracias, Señor Jesús! Gracias por tu fidelidad, que sostiene nuestra esperanza. Quédate con nosotros, porque ya es de noche. «Buen pastor, pan verdadero, oh Jesús, piedad de nosotros: aliméntanos, defiéndenos, llévanos a los bienes eternos en la tierra de los vivos». Amén.

La Virgen del Valle

El pasado sábado día 13 de mayo tuvo lugar una excursión parroquial a Toledo, visitando la ciudad y teniendo la Santa Misa en la ermita de la Virgen del Valle. Aquí los versos y después algunas imágenes: «[…] .Aunque pequeña me vessoy muy grande como ermita,pues la reina que me habitatiene Toledo a sus piesy otorga al que solicita,aquello que necesita,si no la olvida después”.[…]»

Pascua de Resurrección.

APUNTES DE LA HOMILIA DE LA VIGILIA PASCUAL CEFLEBRADA POR EL PAPA. EL Santo Padre, invitó a los fieles a recordar “aquella Palabra de Dios que te habló en un momento preciso; de aquella fuerte experiencia en el Espíritu, de la mayor alegría del perdón sentida tras aquella Confesión, de aquel momento intenso e inolvidable de oración, de aquella luz que se encendió dentro y transformó tu vida, de aquel encuentro, de aquella peregrinación”. “Cada uno de nosotros conoce su propio lugar de resurrección interior, el inicial, el fundante, el que cambió las cosas. No podemos dejarlo en el pasado, el Resucitado nos invita a ir allí para hacer Pascua. Recuerda tu Galilea, revívela hoy. Vuelve a aquel primer encuentro”, señaló. El Papa Francisco animó a preguntarnos cómo y cuándo fue este momento y a revivir las sensaciones de ese primer encuentro con el Señor.   “El Señor, experto en derribar las lápidas del pecado y del miedo, quiere iluminar tu memoria santa, tu recuerdo más hermoso, para hacer relevante tu primer encuentro con Él. Recuerda y camina: ¡vuelve a Él, encuentra en ti la gracia de la resurrección de Dios!”, pidió el Papa.  Por último, instó a revivir la belleza “de cuando, habiéndole descubierto vivo, le proclamamos Señor de nuestras vidas. Volvamos a Galilea, volvamos cada uno a nuestra Galilea, la del primer encuentro, y resucitemos”. Fuente: aciprensa.com

El Viernes de Dolores

El viernes previo a la Semana Santa se conocía tradicionalmente como Viernes de Dolores, en el que se conmemoraba el sufrimiento de Santa María al pie de la Cruz (para ello ha quedado el 15 de septiembre). Sin embargo puede ser un buen momento para rezar con una bella plegaria: Stabat Mater.La secuencia Stabat Mater es un poema medieval del siglo XIII, pero más extendido a partir del XV. Comienza con las palabras Stabat Mater dolorosa («Estaba la Madre dolorosa»). Como plegaria, medita sobre el sufrimiento de María, la madre de Jesús, durante la crucifixión de su hijo.Además de su traducción, muchos compositores han puesto música a esta secuencia. Aquí recogemos la de Giovanni Pierluigi da Palestrina. 1.Versión latina medieval​ Stabat Mater dolorosa Iuxta crucem lacrimosa, Dum pendebat filius. Cuius animam gementem Contristatam et dolentem Pertransivit gladius. 2. O quam tristis et afflicta Fuit illa benedicta Mater unigeniti Quae maerebat et dolebat. Et tremebat, cum videbat Nati poenas incliti. 3. Quis est homo qui non fleret, Matrem Christi si videret In tanto supplicio? Quis non posset contristari, Piam matrem contemplari Dolentem cum filio? 4. Pro peccatis suae gentis Vidit Jesum in tormentis Et flagellis subditum. Vidit suum dulcem natum Morientem desolatum Dum emisit spiritum. 5. Eja mater fons amoris, Me sentire vim doloris Fac ut tecum lugeam. Fac ut ardeat cor meum In amando Christum Deum, Ut sibi complaceam. 6. Sancta mater, istud agas, Crucifixi fige plagas Cordi meo valide. Tui nati vulnerati Tam dignati pro me pati, Poenas mecum divide! 7. Fac me vere tecum flere, Crucifixo condolere, Donec ego vixero. Juxta crucem tecum stare Te libenter sociare In planctu desidero. 8. Virgo virginum praeclara, Mihi jam non sis amara, Fac me tecum plangere. Fac ut portem Christi mortem, Passionis eius sortem Et plagas recolere. 9. Fac me plagis vulnerari, Cruce hac inebriari Ob amorem filii, Inflammatus et accensus, Per te virgo sim defensus In die judicii. 10. Fac me cruce custodiri, Morte Christi praemuniri, Confoveri gratia. Quando corpus morietur Fac ut animae donetur Paradisi gloria. Amen. 1.Traducción literal​ De pie la Madre dolorosa junto a la Cruz, llorosa, mientras pendía el Hijo. Cuya ánima gimiente, contristada y doliente atravesó la espada. 2. ¡Oh cuán triste y afligida estuvo aquella bendita Madre del Unigénito!. Languidecía y se dolía la piadosa Madre que veía las penas de su excelso Hijo. 3. ¿Qué hombre no lloraría si a la Madre de Cristo viera en tanto suplicio? ¿Quién no se entristecería a la Madre contemplando con su doliente Hijo? 4. Por los pecados de su gente vio a Jesús en los tormentos y doblegado por los azotes. Vio a su dulce Hijo muriendo desolado al entregar su espíritu. 5. Oh, Madre, fuente de amor, hazme sentir tu dolor, contigo quiero llorar. Haz que mi corazón arda en el amor de mi Dios y en cumplir su voluntad. 6. Santa Madre, yo te ruego que me traspases las llagas del Crucificado en el corazón. De tu Hijo malherido que por mí tanto sufrió reparte conmigo las penas. 7. Déjame llorar contigo condolerme por tu Hijo mientras yo esté vivo. Junto a la Cruz contigo estar y contigo asociarme en el llanto es mi deseo. 8. Virgen de Vírgenes preclara no te amargues ya conmigo, déjame llorar contigo. Haz que llore la muerte de Cristo, hazme socio de su pasión, haz que me quede con sus llagas. 9. Haz que me hieran sus llagas, haz que con la Cruz me embriague, y con la Sangre de tu Hijo. Para que no me queme en las llamas, defiéndeme tú, Virgen santa, en el día del juicio. 10. Cuando, Cristo, haya de irme, concédeme que tu Madre me guíe a la palma de la victoria. Cuando el cuerpo sea muerto, haz que al ánima sea dada del Paraíso la gloria. Amén. 1.Versión por Lope de Vega​ La Madre piadosa parada junto a la cruz y lloraba mientras el Hijo pendía. Cuya alma, triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía. 2. ¡Oh, cuán triste y cuán aflicta se vio la Madre bendita, de tantos tormentos llena! Cuando triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena. 3. Y ¿cuál hombre no llorara, si a la Madre contemplara de Cristo, en tanto dolor? Y ¿quién no se entristeciera, Madre piadosa, si os viera sujeta a tanto rigor? 4. Por los pecados del mundo, vio a Jesús en tan profundo tormento la dulce Madre. Vio morir al Hijo amado, que rindió desamparado el espíritu a su Padre. 5. ¡Oh dulce fuente de amor!, hazme sentir tu dolor para que llore contigo. Y que, por mi Cristo amado, mi corazón abrasado más viva en él que conmigo. 6. Y, porque a amarle me anime, en mi corazón imprime las llagas que tuvo en sí. Y de tu Hijo, Señora, divide conmigo ahora las que padeció por mí. 7. Hazme contigo llorar y de veras lastimar de sus penas mientras vivo. Porque acompañar deseo en la cruz, donde le veo, tu corazón compasivo. 8. ¡Virgen de vírgenes santas!, llore ya con ansias tantas, que el llanto dulce me sea. Porque su pasión y muerte tenga en mi alma, de suerte que siempre sus penas vea. 9. Haz que su cruz me enamore y que en ella viva y more de mi fe y amor indicio. Porque me inflame y encienda, y contigo me defienda en el día del juicio. 10. Haz que me ampare la muerte de Cristo, cuando en tan fuerte trance vida y alma estén. Porque, cuando quede en calma el cuerpo, vaya mi alma a su eterna gloria. Amén.

La Anunciación

Este sábado, día 25 de marzo, la Iglesia celebra la Solemnidad de la Anunciación y la Encarnación del Hijo de Dios.Recogemos aquí un fragmento de El Arpa de María, escrito en Etiopía, en el siglo XV, por Jorge Armenio a petición del rey Zara Jacob. «Bienaventurado aquel que al alba se levanta hacia tiy llama a la puerta de tu palacio. Bienaventurado aquel sobre quien permanece el poder de tu amory dice siempre alabanzas de tu gloria. Bienaventurado quien no aleja nunca de su bocala mención de tu nombre ni distrae la lenguade celebrar tu majestad». Tomado de «La Madre de Dios», de T. Spidlik.

Vía Crucis. Gerardo Diego.

La lírica religiosa de Gerardo Diego está recogida, fundamentalmente, en Versos divinos, obra que incluye el libro juvenil Viacrucis, compuesto en décimas enormemente elaboradas y llenas de esencias populares. Diego realiza un impresionante “recorrido poético” a través de las XIV estaciones del Viacrucis, a cada una de las cuales dedica dos décimas. La obra, compuesta por 330 versos octosílabos, agrupados en 33 décimas —la edad de Cristo cuando es crucificado—, se abre con una Ofrenda a la Virgen María, en 5 décimas, a las que siguen las otras 28 que constituyen propiamente el Viacrucis. Puede descargarse en dos formatos. Formato epub | Formato PDF

Camino de la Cruz

El vía crucis es una devoción tradicional de la Iglesia especialmente durante el tiempo de Cuaresma. En esta nota se hablará un poco de su historia. El arte lo ha plasmado muchas veces en forma de cuadros, pero también de poesía, como en próximas entradas serán publicadas. En el contexto de la “devotio moderna” —uno de cuyos ejes es la humanidad Santísima de Cristo y, por tanto, su Pasión— el vía crucis se extenderá por influjo de las órdenes mendicantes, especialmente los franciscanos al haber recibido la custodia de los Santos Lugares. A todo esto hay que añadir el interés en torno a ellos generado por las Cruzadas. Tal fue su veneración que, no contentos con el privilegio de haber pisado aquella tierra, algunos de aquellos nobles quisieron realizar en sus regiones de origen “reproducciones” de los santos lugares. Es así como nacen los “via crucis” y “calvarios” (capillas y cruces que se alzan sobre los montes, como por ejemplo ocurre en Lourdes), cuya devoción se extenderá por toda Europa a partir del s. xiv. Algunas figuras de relevancia en su propagación serán el beato Álvaro de Córdoba o san Leonardo de Puerto Mauricio. La configuración definitiva del vía crucis llegará alrededor del siglo xv, fruto de la unión de tres devociones precedentes: las caídas de Cristo en su recorrido hacia el Calvario; la vía dolorosa, consistente en la procesión de una iglesia a la próxima; y las estaciones de Cristo, en referencia a las paradas que en ese recorrido realizó el Señor. El término “estación” aparece por primera vez en el relato que el inglés William Wey hace de su peregrinación a Tierra Santa: el orante se detiene o “estaciona” unos momentos para considerar la escena allí vivida. El número de estaciones ha ido también variando con el tiempo y con los lugares. Aunque empezaron siendo siete, será a partir del siglo xvi cuando por el sur de Europa empiecen a darse devocionarios con catorce estaciones, con oraciones para cada una de ellas.

Scroll hacia arriba