acontecimientos

La historia del Belén

Ya está preparado el Belén de la Parroquia. La Navidad está muy próxima. A continuación se cuenta cómo nace esta costumbre tan entrañable. A partir del siglo VIII será cuando el nacimiento y la resurrección de Jesús se empezarán a representar en escenas costumbristas que tenían lugar en las plazas públicas de la ciudad. En 1233, san Francisco de Asís llegó, junto con su hermano León, a la población de Greccio, en la región italiana del Lazio. Para intentar evangelizar a la población de la región, mayoritariamente analfabeta, Francisco pidió una dispensa al papa Honorio III para crear el primer belén en una cueva muy cerca de la ermita de la localidad. Con la ayuda de Giovanni Velita, un señor feudal, que le proporcionó el pesebre, la paja y los animales, el futuro santo (aunque algunos historiadores afirman, sin embargo, que quien realmente ofició la misa aquella noche fue san Antonio de Padua) convocó a los habitantes del pueblo al toque de la campana de la iglesia. De la representación teatral y con personas reales se pasó muy pronto la realización de las figuras con diferentes materiales. En poco tiempo la tradición empezó a popularizarse, y en las ciudades italianas, durante los siglos XIV y XV, las iglesias se decoraban con belenes durante las celebraciones navideñas. Al parecer, la primera forma moderna de belén se debe a san Cayetano de Thiene, que en 1534 ideó un pesebre con figuras de madera pintadas que iban cubiertas con ropajes de la época y cuya cabeza estaba hecha de terracota, cartón piedra o madera. Fuente: Historia NG

Dilexi te

«Dilexi te», primera Exhortación apostólica de León XIV. El Papa León XIV ha firmado Dilexi te, su primera Exhortación apostólica en la festividad de san Francisco de Asis. El texto será presentado el 9 de octubre. Esta mañana, 4 de octubre, día en que la Iglesia conmemora a San Francisco de Asís, a las 8:30, en la Biblioteca privada del Palacio Apostólico, el Papa León XIV ha firmado su primera Exhortación Apostólica, titulada Dilexi te, «Te he amado», en presencia del arzobispo Edgar Peña Parra, sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado Un texto que, según informaron hace varias semanas desde el Vaticano a la agencia Reuters, está centrado en el amor al prójimo y el cuidado de los pobres. El documento retoma un tema profundamente vinculado al espíritu franciscano y que ya fue eje del magisterio de su predecesor, el Papa Francisco. La exhortación se presenta como un estímulo pastoral: busca guiar e inspirar a los fieles hacia los valores del Evangelio de manera concreta y cercana a la vida cotidiana. Siguiendo el ejemplo de Evangelii Gaudium o Amoris Laetitia, León XIV profundiza y completa la obra iniciada por Francisco, adaptándola a los retos pastorales actuales. Más información: revista Omnes Foto: ©Vatican Media

Hay esperanza: Jubileo 2025

«Hay esperanza para cada uno de nosotros. Pero no olviden, hermanas y hermanos, que Dios lo perdona todo, Dios perdona siempre. No lo olviden. Y esa es una manera de entender la esperanza en el Señor«. Son palabras del Papa Francisco en la Apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro con la que quedó inaugurado el Jubileo Ordinario de 2025, el pasado día 24 de diciembre. A continuación recogemos sus palabras. Un ángel del Señor, envuelto de luz, alumbró la noche y dio el anuncio gozoso a los pastores: «Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor» (Lc 2,10-11). Entre el asombro de los pobres y el canto de los ángeles, el cielo se abrió sobre la tierra; Dios se hizo uno de nosotros para hacernos como Él, descendió entre nosotros para elevarnos y llevarnos al abrazo del Padre. Esta, hermanas y hermanos, es nuestra esperanza. Dios es el Emanuel, el “Dios con nosotros”. El infinitamente grande se hizo pequeño; la luz divina brilló entre las tinieblas del mundo, la gloria del cielo se asomó a la tierra. ¿Cómo? En la pequeñez de un Niño. Y si Dios viene, aun cuando nuestro corazón se asemeja a un pobre pesebre, entonces podemos decir: la esperanza no ha muerto, la esperanza está viva, y envuelve nuestra vida para siempre. La esperanza no defrauda. Hermanas y hermanos, con la apertura de la Puerta Santa damos inicio a un nuevo Jubileo. Cada uno de nosotros puede entrar en el misterio de este anuncio de gracia. En esta noche, la puerta de la esperanza se ha abierto de par en par al mundo; en esta noche, Dios dice a cada uno: ¡también hay esperanza para ti! Hay esperanza para cada uno de nosotros. Pero no se olviden, hermanas y hermanos, que Dios perdona todo, Dios perdona siempre. No se olviden de esto, que es un modo de entender la esperanza en el Señor. Para acoger este regalo, estamos llamados a ponernos en camino con el asombro de los pastores de Belén. El Evangelio dice que ellos, habiendo recibido el anuncio del ángel, «fueron rápidamente» (Lc 2,16). Esta es la señal para recuperar la esperanza perdida: renovarla dentro de nosotros, sembrarla en las desolaciones de nuestro tiempo y de nuestro mundo rápidamente. ¡Y hay tantas desolaciones en nuestro tiempo! Pensemos a las guerras, a los niños ametrallados, a las bombas sobre las escuelas y sobre los hospitales. Disponerse rápidamente, sin aminorar el paso, dejándose atraer por la buena noticia. Sin tardar, vayamos a ver al Señor que ha nacido por nosotros, con el corazón ligero y despierto, dispuesto al encuentro, para ser capaces de llevar la esperanza a las situaciones de nuestra vida.  Y esta es nuestra tarea, traducir la esperanza en las distintas situaciones de la vida. Porque la esperanza cristiana no es un final feliz que hay que esperar pasivamente, no es el final feliz de una película; es la promesa del Señor que hemos de acoger aquí y ahora, en esta tierra que sufre y que gime.  Esta esperanza, por tanto, nos pide que no nos demoremos, que no nos dejemos llevar por la rutina, que no nos detengamos en la mediocridad y en la pereza; nos pide —diría san Agustín— que nos indignemos por las cosas que no están bien y que tengamos la valentía de cambiarlas; nos pide que nos hagamos peregrinos en busca de la verdad, soñadores incansables, mujeres y hombres que se dejan inquietar por el sueño de Dios; que es el sueño de un mundo nuevo, donde reinan la paz y la justicia. Aprendamos del ejemplo de los pastores, la esperanza que nace en esta noche no tolera la indolencia del sedentario ni la pereza de quien se acomoda en su propio bienestar —y muchos de nosotros, tenemos el peligro de acomodarnos en nuestro propio bienestar—; la esperanza no admite la falsa prudencia de quien no se arriesga por miedo a comprometerse, ni el cálculo de quien sólo piensa en sí mismo; es incompatible con la vida tranquila de quien no alza la voz contra el mal ni contra las injusticias que se cometen sobre la piel de los más pobres.  Al contrario, la esperanza cristiana, mientras nos invita a la paciente espera del Reino que germina y crece, exige de nosotros la audacia de anticipar hoy esta promesa, a través de nuestra responsabilidad, y no sólo, también a través de y nuestra compasión. Y aquí tal vez nos hará bien interrogarnos sobre nuestra compasión: ¿tengo compasión?, ¿sé padecer-con? Pensémoslo. Viendo cómo a menudo nos acomodamos a este mundo, adaptándonos a su mentalidad, un buen sacerdote escritor rezaba en la santa Navidad de esta manera: “Señor, te pido algún tormento, alguna inquietud, algún remordimiento. En Navidad quisiera encontrarme insatisfecho. Contento, pero también insatisfecho. Contento por lo que haces Tú, insatisfecho por mi falta de respuestas. Quítanos, por favor, nuestras falsas seguridades, y coloca dentro de nuestro ‘pesebre’, siempre demasiado lleno, un puñado de espinas. Pon en nuestra alma el deseo de algo más” (cf. A. Pronzato, La novena de Navidad). El deseo de algo más. No quedarnos quietos. No olvidemos que el agua estancada es la que primero se corrompe. La esperanza cristiana es precisamente ese “algo más” que nos impulsa a movernos “rápidamente”. A nosotros, discípulos del Señor, se nos pide, en efecto, que hallemos en Él nuestra mayor esperanza, para luego llevarla sin tardanza, como peregrinos de luz en las tinieblas del mundo. Hermanas y hermanos, este es el Jubileo, este es el tiempo de la esperanza. Este nos invita a redescubrir la alegría del encuentro con el Señor, nos llama a la renovación espiritual y nos compromete en la transformación del mundo, para que este llegue a ser realmente un tiempo jubilar. Que llegue a serlo para nuestra madre tierra, desfigurada por la lógica del beneficio; que llegue a serlo para los países más pobres, abrumados

El Papa convoca una Jornada de oración por la paz.

“En esta dramática hora de nuestra historia, mientras los vientos de guerra y la violencia continúan devastando pueblos enteros y naciones”, el Papa Francisco ha revelado en la Misa de apertura de la Asamblea sinodal de octubre, que el domingo pedirá a la Virgen María de modo especial por la paz, rezando el Rosario en Santa María la Mayor “y dirigiré a la Virgen un pedido”, que no ha especificado.  Además, ha convocado una Jornada de oración y ayuno el 7 de octubre.

Exaltación de la Santa Cruz

El 13 de septiembre del año 335 se dedicó en Jerusalén la iglesia de la Resurrección y del Martyrium. Al día siguiente, en una solemne ceremonia, se expuso la cruz que la emperatriz Helena había encontrado el 14 de septiembre de 320. En el año 614, Cosroe II, rey de los persas, declara la guerra al imperio bizantino. Tras ocupar Jerusalén, se llevó, entre sus tesoros, la Cruz de Jesús. El emperador Heraclio propuso la paz a Cosroe, pero éste rechazó la oferta. Ante la negativa, Heraclio le hizo la guerra, y en el año 627 venció la batalla de Nínive. Tras la caída de Cosroe, Heraclio exigió a su sucesor la devolución de la Cruz, que regresó así a Jerusalén. En este día no se exalta la crueldad de la Cruz, sino el Amor que Dios manifestó a los hombres al aceptar morir en la Cruz: «Aunque era Dios, Cristo se humilló haciéndose siervo. Esta es la gloria de la Cruz de Jesús» (Papa Francisco). “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”, escribió Benedicto XVI en su Encíclica Deus Caritas est. El Evangelio que la liturgia nos ofrece en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz muestra que Dios quiere construir una relación de amor con cada persona: se ofrece en su Hijo Jesús, elevado en la Cruz. Fuente: www.vaticannews.va/es/fiestas-liturgicas/exaltacion-de-la-santa-cruz.html

El Corpus Christi

ESTE DOMINGO ES LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI Se acostumbra a sacar en procesión al Santísimo Sacramento por las calles y las plazas del centro de Madrid para afirmar el misterio del Dios con nosotros en la Eucaristía. Su origen data del siglo XIII y, aunque se señala como fecha clave para la celebración el año 1240, fue realmente Urbano IV quien lo refrendó en 1264 PT y Clemente V lo confirmó en 1311. Sabemos que en Toledo el castellano monarca Alfonso X el Sabio participó en la celebración del Corpus en el año de 1280. En el siglo XV ya está establecida de forma definitiva la fiesta, en Madrid Una tradición de siglos en Madrid donde el Santísimo es acompañado por las congregaciones, asociaciones y hermandades eucarísticas de la ciudad, junto con el pueblo cristiano madrileño. Esta tiene lugar todos los años en la tarde del domingo posterior a la Santísima Trinidad. Se utiliza para ello la Custodia de la ciudad realizada por Francisco  Álvarez  en dos partes primero en 1568 las andas y más tarde en 1573 la  custodia completa. Dado que la ciudad de Madrid estaba incorporada a la diócesis de Toledo y no había Catedral se decidió depositar en el Ayuntamiento donde actualmente se conserva. Más información

Secuencia del Espíritu Santo

La secuencia de la Misa de Pentecostés, es un precioso y profundo himno: el himno más antiguo del Espíritu Santo. El texto se atribuye a Stephen Langton (alrededor de 1150-1228), arzobispo de Canterbury, aunque también fueron considerados sus autores tanto el rey de Francia Roberto II el Piadoso (970-1031) como el papa Inocencio III (ha. 1161-1216). La Iglesia Católica pide su asistencia al Espíritu Santo. Recuerda la primera venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles en Pentecostés, narrada en el capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles. Ven, Espíritu divino,manda tu luz desde el cielo.Padre amoroso del pobre;don, en tus dones espléndido;luz que penetra las almas;fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma,descanso de nuestro esfuerzo,tregua en el duro trabajo,brisa en las horas de fuego,gozo que enjuga las lágrimasy reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo del alma,divina luz, y enriquécenos.Mira el vacío del hombre,si tú le faltas por dentro;mira el poder del pecado,cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía,sana el corazón enfermo,lava las manchas, infundecalor de vida en el hielo,doma el espíritu indómito,guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones,según la fe de tus siervos;por tu bondad y tu gracia,dale al esfuerzo su mérito;salva al que busca salvarsey danos tu gozo eterno.

La Virgen de Fátima

El día 13 de mayo es la festividad de Nuestra Señora de Fátima, en referencia a las apariciones de la Virgen María que ocurrieron en Fátima, Portugal, en 1917, a tres niños pastorcitos: Lucía dos Santos y sus primos Francisco y Jacinta Marto. Durante estas apariciones, la Virgen María transmitió mensajes de paz, conversión y esperanza para el mundo. Uno de los aspectos destacados de las apariciones de Fátima fue la solicitud de la Virgen María para que se rezara el Rosario diariamente por la paz en el mundo y la conversión de los pecadores. Información que puede ser de interés sobre la Virgen de Fátima.

Domingo de la Divina Misericordia

EL DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA se celebra cada segundo domingo de Pascua. En 1930, la joven monja polaca, Santa Faustina Kowalska, tuvo una serie de revelaciones dónde Jesús pedía un día dedicado a su misericordia. Juan Pablo II, quien tenía una gran devoción a la Divina Misericordia, canonizó a Santa Faustina el 30 de abril del 2000. Ese mismo día, el papa polaco decidió que esta celebración tendría lugar el segundo domingo de Pascua. Este es un día de fiesta para los católicos, quienes pueden recibir la indulgencia plenaria tras confesarse y comulgar. En Roma, el papa Francisco suele celebrar esta festividad en la Iglesia del Espíritu Santo en Sassia. En 2016, viajó a Polonia para celebrarla en el Santuario de la Divina Misericordia. FRANCISCONunca nos alejemos de Jesús aunque pensemos que por nuestros pecados o nuestras faltas somos lo peor. Así nos prefiere él, así su misericordia se derrama. En esta festividad, muchas iglesias alrededor del mundo exponen la imagen de la Divina Misericordia durante esa jornada. Fuente: Rome Report

Miércoles de ceniza

MIÉRCOLES DE CENIZA. COMIENZO DE LA CUARESMA. El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X.  La imposición de la ceniza es una invitación a recorrer el tiempo de Cuaresma como una inmersión más consciente y más intensa en el Misterio Pascual de Jesús, en su Muerte y Resurrección, mediante la participación en la Eucaristía y en la vida de caridad. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso. La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Gn, 3, 19 y Mc 1,15.  La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán. Simboliza la condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte; su situación pecadora; la oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda; la Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo.

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